Serie · San Martín e industria · 02
San Martín: la capital que dejó de cuidar su industria. Las cuentas
Segunda de cuatro notas. El municipio destina a su política productiva el 1,12% del presupuesto: veintisiete veces menos que a Obras Públicas y casi la mitad de lo que recibe el Concejo Deliberante. El núcleo industrial de cuatro programas ejecutó apenas $21,2 millones en seis meses.
Carlos R. Brown y Luciano Jáuregui
Terminamos la nota anterior con una afirmación que ahora tenemos que probar: San Martín no tiene un problema de recursos, tiene un problema de prioridades. Las prioridades de un gobierno no están en los discursos ni en los actos. Están en el presupuesto, que es el único documento donde una gestión escribe, con número y firma, qué le importa.
El presupuesto 2026 de la Municipalidad de General San Martín, aprobado en diciembre de 2025, asciende a $333.980.910.000. La Secretaría de la Producción y Desarrollo recibe $3.726.890.000. Es el 1,12% del total.
Ese número solo cobra dimensión al lado de los otros. La Secretaría de Obras y Servicios Públicos recibe veintisiete veces más. La Jefatura de Gabinete, veinte veces más. La Secretaría de Salud, diecinueve veces. La Secretaría de Economía y Coordinación de Gestión, ocho veces. La de Integración Educativa, Cultural y Deportiva, siete veces. La de Mujeres, Géneros e Infancias, tres veces. Y el Honorable Concejo Deliberante, el cuerpo que delibera sobre la política del distrito pero no ejecuta ninguna, recibe 1,8 veces lo que toda el área productiva junta.
No estamos diciendo que salud, educación o servicios públicos deban recibir menos. Son funciones esenciales. Estamos diciendo otra cosa: que la producción es lo que financia todo lo anterior, y que un municipio que se declara capital nacional de la pyme industrial le asigna a esa función poco más de un peso de cada cien.
En este punto debemos reconocer que la participación del área productiva creció: era 0,30% en 2020, 0,71% en 2022, 0,92% en 2024 y 1,12% en 2026. Casi se cuadruplicó. El problema es que ese aumento partió de un piso tan bajo que cuadruplicarlo sigue dando una cifra marginal, y sobre todo que no alcanzó, o no se usó bien, para sostener la producción del distrito. Los resultados de la primera nota son la prueba.
Ahora, lo que nos parece más revelador de todo el presupuesto. Los 17 programas identificados con la unidad 1.1.1.01.04 suman $722,1 millones vigentes, el 19,4% del presupuesto inicial de la Secretaría. Entre ellos, el Observatorio Socioeconómico Municipal tiene $39 millones: el 1,05% del presupuesto de la Secretaría. Promoción y Capacitación para el Trabajo ($291,23 millones) y Territorio ($176,13 millones) son las mayores partidas de ese grupo.
Queremos ser claros y justos con esto, porque no es una crítica al Observatorio. Es un organismo serio, que produce buena información y que publica datos más duros que los que le convendría publicar a cualquier gestión: que el empleo industrial del distrito cayó 6,3% hacia fines de 2025, con ocho trimestres consecutivos en baja, y que el uso de la capacidad instalada de las fábricas sanmartinenses pasó del 68% en 2022 al 46% en 2025. Más de la mitad del parque industrial parado. El propio secretario de Producción, Alejandro Tsolis, cuantificó en 3.000 los puestos industriales destruidos desde diciembre de 2023.
El problema no es el Observatorio: gracias a su trabajo el municipio sabe exactamente lo que está pasando. El problema es que el municipio no hace nada con eso.
Un observatorio es un termómetro, no un tratamiento. El bajo gasto del núcleo de cuatro programas industriales describe el problema de fondo: San Martín tiene una política de medición industrial, no una política industrial.
La ejecución lo confirma, y acá el porcentaje dice más que el monto. Según el estado de situación del primer semestre de 2026, los cuatro programas estrictamente industriales tenían asignados $57,9 millones y devengaron $21.210.008: el 36,6%. Es decir que ni siquiera la partida mínima que el municipio se fijó a sí mismo se está ejecutando. Programa por programa: Promoción Industrial ejecutó el 70,5%, el Centro de Producción el 38,7%, la Agencia de Promoción de Exportaciones el 36,2%, Fortalecimiento Productivo el 3,6% y Eficiencia Energética el 0%. Para tener referencia, en ese mismo semestre el Concejo Deliberante gastó $2.875.136.085: ciento treinta y cinco veces lo que ejecutó el núcleo industrial de cuatro programas. Frente a los 17 programas de Producción, la relación es 12,5 veces.
Hay un caso que resume todo. El programa de Habilitaciones y Permisos tenía $7.531.000 asignados y ejecutó $61.261: menos del uno por ciento. Es la partida destinada a que abrir o ampliar una industria sea más simple, en un distrito donde la demora de las habilitaciones es una de las quejas del sector. En septiembre, en el marco de la Emergencia MiPyME, el municipio anunció una bonificación del 100% en los derechos de nuevas habilitaciones durante tres meses. Es un alivio sobre el costo de entrada, aunque transitorio y sin modificar de manera permanente el régimen de habilitaciones.
El municipio también presentó un Plan de Alivio Fiscal para PyMEs. Es una herramienta que puede ayudar a empresas con dificultades, pero no cambia el problema de fondo: para quien produce, el verdadero alivio fiscal es pagar menos tasas de manera permanente.
Y queda la contracara, que es donde el presupuesto se vuelve difícil de defender. Las remuneraciones se llevaron el 55,4% del gasto corriente del semestre, contra un promedio provincial del 46,1%. La inversión de capital asignada fue el 1,58% del presupuesto, cuando el promedio bonaerense de 2024, un año de derrumbe de la obra local, fue del 9%. Por cada peso que San Martín puso en obra durante seis meses, pagó cincuenta en sueldos.
Hay un dato que merece leerse dos veces. En ese mismo semestre, el municipio movilizó casi veinticinco mil millones de pesos hacia colocaciones financieras: quince pesos puestos a rendir en el sistema financiero por cada peso invertido en obra real. Un municipio con la mitad de su parque industrial parado eligió hacer rendir la plata antes que ponerla a trabajar en su territorio.
No fue falta de plata. En 2024 los municipios bonaerenses cerraron con superávit consolidado y el stock de deuda más bajo de la serie. Había margen. Se eligió otra cosa.
En la próxima nota continuaremos con el análisis de los recursos, para descubrir que el municipio le cobra más a quien produce y contrata, y analizaremos qué hicieron algunos municipios vecinos.